miércoles, 22 de noviembre de 2017

LOS BUENOS ASESINOS

En mi familia somos todos asesinos. Yo estoy empezando a tomar conciencia de ello. Veo que somos sensibles y talentosos en lo nuestro y nos esforzamos en buscar la belleza, la estética. Sin embargo, no planificamos ni programamos; ni usamos patrones estratégicos a la hora de manifestar nuestros actos homicidas. Eso sería retorcido. Solemos actuar con espontaneidad, sencillez, llaneza… Nuestra violencia es una metáfora, una grata inconsciencia que posee una estructura sólida. Al final todo cobra sentido. Solo nos limitamos a acelerar lo que es irremediable, y seguimos los impulsos de nuestra verdad para aceptar los caprichos de la naturaleza. 

martes, 21 de noviembre de 2017

EN EL BOSQUE

Cuando la até al árbol fue cuando me di cuenta de que tenía un cabello precioso. El flequillo le caía sobre sus ojos azules como una cortina de color avellana, y mil bucles de pelo alborotado dejaban entrever graciosos mechones rubicundos. Era una melena voluminosa, hidratada, sedosa... Así la noté cuando mis dedos aplanaron sus tirabuzones y dispuse sobre su testa una manzana de piel amarilla. Su mirada rabiosa se transformó en una dulce consternación, en un abatimiento opaco y gris. Se quedó inmóvil como una estatua. Sabía bien que estaba allí para que yo probara puntería con mi ballesta.

sábado, 18 de noviembre de 2017

PATOSO

Estoy orgulloso de no odiar a nadie; de no recurrir a los malos pensamientos para acertar; de no pensar en el dinero. Estoy satisfecho de sentirme una hormiga; de perderme en los mercadillos, incluso en los laberínticos de mi conciencia; y de no aclararme cuando busco respuestas. No me importa cuando la gente no me identifica por la calle. La vida es extraña, te levantas y no sabes con quién van a confundirte. «¿Carlos? ¿Fernando?» Ellos disparan. Me miran raro. Yo les sigo la corriente. No saben que cuando te retocas el rostro estéticamente puede quedarte la cara de pato.

viernes, 17 de noviembre de 2017

DISNEYLAND

¿Qué pasa con el individuo que está dentro del Pato Donald?
Cuando se dirige a los niños y los coge en brazos me reconcomo. No veo su verdadera apariencia, ni su expresión, ni oigo su voz. No tengo pistas de nada y mi imaginación vuela. Se torna terrorífica. Presiento a un homúnculo apestoso que se ríe, a un espécimen deforme con la cerviz peluda, recubierto de velámenes de porquería. Solo un ser artificial podría aguantar en ese infierno de espuma. Estos lugares de fantasía son una ilusión, un espejismo para críos, que todavía desconocen las naturalezas dentro de uno mismo.

martes, 14 de noviembre de 2017

LAS CIUDADES DE ATREZO

Los conductores concienciados con el medio ambiente van por las ciudades de atrezo con vehículos de cartón; con siluetas planas de bellos prototipos que ellos mismos han confeccionado. Sus motores de estraza no se recalientan ni echan vapores tóxicos, pero los automovilistas emiten ruidos exagerados con su voz para demostrar su potencia. Estos vehículos humanos no contaminan, pero perturban acústicamente las calles por las que circulan; existe un pique de capacidades pulmonares. Un taxista conduce un coche destartalado, diseñado de cualquier manera. Su voz prístina no está a la altura; no retumba. Seguro que aún no ha pasado la ITV.

lunes, 13 de noviembre de 2017

EL FENÓMENO

Un prodigio de la naturaleza vivía en nuestra casa. Era un fenómeno bastante apacible cuando estaba de buenas, pero también podía llegar a ser extremo. Se albergaba debajo de la cama de mi habitación, y dependiendo del clima que se respirara en casa podía manifestar su exaltación. Era impulsivo, temperamental. Las discusiones le afectaban mucho; sobre todo las malas palabras y los gritos ofensivos. En su mirada airada había tanta maravilla como repeluzno; se revolvía eléctrico como un rayo; era un huracán devastador que manifestaba su estado. La casa quedaba destrozada, pero gracias a él todo volvía a su cauce. 

jueves, 9 de noviembre de 2017

CONCIERTO N.1 EN SOL MAYOR DE MOZART

Me gusta la música. Tanto como a los propios músicos. Voy a casi todos los conciertos de mi hija. Es flautista. Flauta segunda, para ser precisos. Pero hoy es un día especial; es la protagonista. Sustituye a la solista oficial de la Orquesta porque está encinta. Pronto va a parir. Avisan por megafonía que en cinco minutos va a comenzar el concierto. Apago mi móvil. Ya me lo tengo aprendido; igual que no debo toser ni estornudar; eso da mucha rabia a los músicos. Su padre no ha querido venir. Dice que esto, aunque sea un medio de expresión excelso, siempre es lo mismo; cansa. Dice que estar dos horas sentado en estos butacones es inaguantable; además, recalca que la cultura solo la aguanta quien la ejecuta o la crea. No sé, es artista; está un poco pirado. Dicen que es de los buenos. Sus cuadros desprenden una imaginación desbordante, así que algo de razón tendrá sobre estas disciplinas del alma. Yo, en cambio, soy más básica. Solo sé que me gusta la música. Me relaja. Aunque, a decir verdad, esta pieza que mi hija va a interpretar esta noche se la he oído ejecutar cientos de veces en el comedor de casa, y la tengo tan oída que, aun gustándome su melodía, este rato se me va a hacer bastante largo. Pero da igual, es mi hija. La quiero. Aguanto lo que haga falta. Su hermano tampoco ha querido venir. Tiene un límite, dice. El pobre vivió con ella cuando se sacaba la carrera en el Conservatorio y practicaba incasable con la flauta. Fueron cinco años. Pobrecillo. Es capaz de silbar a la perfección todo el repertorio que, en su día, su hermana ensayaba con perseverancia. Acabó interiorizando todo lo que tocaba. Sin duda, él también tiene talento, pero malvive con un tipo de música más oscura. Ella le hizo aborrecer la “Clásica” y decidió ir por otro camino. Toca la batería en un grupo de peludos. Ha tirado por el Heavy Metal. Así que he venido sola. No necesito a nadie. Ellos se lo pierden. Verla ahí, vestida con ese precioso traje que hemos ido a comprar juntas esta mañana para la ocasión, hace que piense en todo lo que ha luchado para conseguir su sueño. Sé perfectamente que le ronda por la cabeza en estos momentos, y no es, al cien por cien, el concierto que está a punto de interpretar. La conozco muy bien. Ella no quiere tener nada en la cabeza, pero los pensamientos la abordan. Siempre ha pensado demasiado. En ocasiones, cuando friego los platos, me abraza por detrás y me besa. Luego, me rasca la espalda porque sabe que siempre me pica en la parte media de la columna. Es en esos momentos cuando me habla de sus obsesiones, de lo que le inquieta. El otro día me dijo: «Mamá, ¿conoces la sensación esa de que estés donde estés siempre te preguntas qué es lo que estás haciendo allí? Eso es lo que piensa ahora. Segurísimo. Pero no se le nota. Es una gran profesional. Es fuerte, dura, pero está llena de obstinaciones que le afectan. Profundiza demasiado en ellas. Pero cada uno es como es. Yo soy olvidadiza, despistada, algo cabezota e incapaz de llevar las cuentas de la casa y de atender a los bancos. Soy una sencilla ama de casa que ofrece equilibrio, muy de ir a misa y obcecada en rezar por todos. Ahora lo hago por ella; para que el recital le salga bien… Y todo en la vida. Mírala, ahí está, impertérrita a los aplausos; concentrada en su música y al mismo tiempo con la cabeza en otro sitio. ¡Ay, mi loquita…!¡Shhhhhh! Que va a comenzar el concierto. 

sábado, 4 de noviembre de 2017

AL FILO DEL CORTE

En la barbería donde voy a cortarme el pelo hay una pequeña mesa con un montón de revistas del corazón desfasadas para distraer a los clientes mientras esperamos el turno. Junto a ellas, también hay un tomo bastante grueso que lleva por título: «Manual Completo de Defensa Personal». No puedo resistirme a ojearlo. Delante de mí van dos señores con pelazo; así que, durante un rato, puedo sumergirme en las enseñanzas de este interesante manual. Hay ejercicios sobre presas, caídas, puñetazos, patadas… Es didáctico y está lleno de ilustraciones. Está formado por un compendio de poses corporales y de explicaciones sobre cómo defenderse de un atacante armado e inmovilizarlo; de cómo defenderse de varios agresores y de cómo comportarse en la oscuridad. Después de tan apasionante entretenimiento, observo al manos-tijeras con aversión, va tan lento en su trabajo que solo me entran ganas de darle una somanta de palos.

viernes, 3 de noviembre de 2017

ÉL

Tengo información inmediata del sufrimiento de la gente. No pueden alejarse de mis dominios. Siempre sé dónde están y cómo se encuentran. Los humanos me imaginan; lo han hecho desde siempre, y han sido capaces de reconstruir la historia del Universo con su ingenio. Son creativos, todo hay que decirlo, pero insignificantes. Y, para colmo, les gusta crear guerras a través del odio. Qué tontos; se engrandecen en su mundo efímero. Yo nunca imagino. Únicamente hago restallar mis dedos para que se precipite sobre ellos un cataclismo o dos… A ver si de una vez se les acaba tanta tontería.

jueves, 26 de octubre de 2017

¡VAYA MARRÓN!

Hay una buena mierda montada en este territorio de pedos. Todos se cagan en todo. Los más pedorros se manifiestan en grandes avenidas para soltar ventosidades y flatulencias pestilentes. Los que van vestidos de caqui, los que ponen orden, más bien infectan; descargan sus zurullos compactos que golpean. Y los que van en corbata, no cabe duda, se van pata abajo en su trono impoluto. ¡Vaya cagada han montado! Tanta deposición engendra alimañas, seres inmundos que escupen boñigas; se engendran montañas de heces, situaciones podridas y fétidas que no dejan ver nada. Pero hay que seguir en la contienda, luchar por un diálogo de mierda, para vivir en la inmundicia y acabar enterrados en una tierra abonada de estiércol.

SALIDA TEMPRANA

Mi pueblo es precioso cuando te alejas, cuando tomas distancia; incluso cuando estás tan lejos que solo lo recuerdas. En él, dentro de él, es como todos: un gran hotel donde se aloja gente buena, insulsa y mezquina. Desde la localidad contigua lo veo envuelto en la bruma matutina, y, desde esta confortable lejanía, parece un colosal barco de piedra, rodeado de agua por todas partes menos por su lengua de grava, alquitranada, casi viperina. Puedo oír el vaivén de las olas, el arrullo de los pájaros y el leve runrún de toda esa gente buena, insulsa y mezquina.

lunes, 23 de octubre de 2017

CUESTIONES

Las asesinas no asesinan; piensan que son mujeres libres que saben despojarse de las ideas inculcadas. ¿Te comerías mis nalgas? No me digas que no porque sabes que lo harías en una situación límite. Las mías y las de cualquiera. ¿Y si te preparo un muslo humano a rodajas con una guarnición de setas y puré de patatas? ¿Quién te dice que no lo haya hecho ya? ¿Te gustaron las hamburguesas que os comisteis anoche durante el partido? Tus amigos no notaron nada. ¿Y tú? El kétchup y la mostaza lo matan todo. ¿Quién gano? ¿El Barça o el Madrid?... No hagas esa cara, hombre. ¿Te encuentras mal? Ve al baño si lo necesitas. Tampoco es para tanto… ¿Me quieres? ¡Dame un beso, joder! Ya me conoces. Me gusta que te lo cuestiones todo.

domingo, 22 de octubre de 2017

LOS VISITANTES

Los seres con los que tropezamos cada verano no son de este mundo. Nos asombra la fidelidad fervorosa que tienen por nuestro territorio y, aun así, los repudiamos cada año. Carecen de conciencia y sentido común y muchos son maleducados. Se esconden tras una cámara fotográfica o un móvil de última generación: les encanta sacar instantáneas. Comen poco; bocatas, pipas y algún combinado, y suelen tener la piel quemada por el sol: se tumban en la arena de nuestras playas cuando resulta insoportable. No guardan recuerdos, solo souvenirs y fotos. Nunca han nacido. Por eso viajan e inmortalizan singulares amaneceres. 

jueves, 19 de octubre de 2017

VACACIONES

Cada día hago algo de vacaciones. No me gusta hacerlas todas de golpe al final de temporada. Mi trabajo, si puede llamarse así, es de esos que la gente no entiende. No son verdaderos trabajos. Son ocupaciones de tiempo en algo que resulta intangible. No construyo casas ni hago pan ni contribuyo en el crecimiento de las ciudades haciendo política. Por eso, cada día, durante varias horas, ya bien sea por la mañana, por la tarde o por la noche, podéis encontrarme tomando cervezas en el bar del pueblo de mi amigo Antonio; absorto en mi isla; en mis vacaciones.

lunes, 16 de octubre de 2017

DISTOPÍA

Antes me bebía el agua de los floreros y el agua de lluvia. Ahora, debido a los cambios acontecidos, estoy debajo de esta gigantesca gata verde, mamando ansioso en una de sus tetillas. Qué leche más buena tiene. Es tibia, sabrosa como un helado de nata, mucho mejor que el líquido del cielo. Chupeteo suavemente, firme, sin rozarle mi descomunal dentadura. La dejaré seca, aunque sus crías me miren de reojo, recelosas, enganchadas como yo a sus rosadas ubres que emanan gloria. Me figuro que se preguntaran quién es este ser macilento y barbudo que, como ellas, posee afiladas garras. 

jueves, 12 de octubre de 2017

DERECHO A BUTANO

Cuando la bombona de butano se hace verbo es que se producen cambios que sugieren a la lengua. El mozo que carga esas botellas de gas –que también adjetivan un color intenso–, está infinitivamente realizando la tarea de butanear, por lo que podemos decir que está butaneando y puede sentirse butaneado en su impersonalidad. Si nos basamos en su presente, butanea, pero ha butaneado desde siempre, su pasado perfecto lo avala. Ofrece butano con una camioneta que transita ruidosa por las calles. Da un servicio a la gente que, en cualquier territorio e idioma, sigue prefiriendo este rústico sistema. De ahí que en algunas demarcaciones donde la A se pronuncia muy abierta –marcada con un acento inverso o grave–, muchos de sus habitantes prefieran «butà». Y está muy bien que lo quieran, porque subjuntivamente es necesario que haya alguien capacitado y profesional que butanee. Todos tenemos derecho a butano. 

miércoles, 11 de octubre de 2017

EL HOMBRE SEGURO

El hombre que siempre dudaba por todo ya no lo hace. Por fin cree absolutamente en él. Una voz interior le dicta la verdad. No parece propiamente la suya. Es otra superior, redonda, resonante y simétrica a su conciencia. ¿Es Dios que le habla? Últimamente le pasa algo muy extraño. Siente la necesidad de ir a la iglesia los domingos. Reconoce haber logrado cosas importantes en su vida y en la de los demás. Se considera admirado por sus cualidades, por su bondad infinita. «Yo soy Jesús», se autoafirma. No le cabe la menor duda. Aunque nunca ha sido crucificado. 

martes, 10 de octubre de 2017

UN SÉPTIMO SIN ASCENSOR

Mi padre esconde melones y sandias debajo de la cama. En un lugar fresco y oscuro, le aconsejaron. Pues ahí los tiene; ese es su escondrijo. Los he contado. Catorce melones y once sandias. Está alucinado. Creo que mi madre no lo sabe. En verano, cada dos o tres días, circula por las calles una especie de carricoche cargado con centenares de ellos. Qué alegría tiene. El singular ruido que emite el motor de ese destartalado vehículo es suficiente para que su expresión gastada se convierta en una mueca pimpante que da luz a su cara. El conductor toca la bocina varias veces –¡mocki-mocki!– y, a través de un megáfono que amplifica su voz, exclama: «El meloneeeeeroooooooo». Mi padre se asoma a la ventana con la ilusión de un niño el día de su cumpleaños y grita: ¡Bajooooooooo! El vendedor, descamisado y con una panza similar al producto que vende, saca la mano por la ventanilla, como diciendo: «¡Venga, va, te espero!» Mi padre, raudo y veloz como pocas veces le he visto, baja las escaleras y se planta en la calle resollando por el esfuerzo. Observo la transacción desde lo alto. El señor barrigudo, el comerciante, prácticamente igual de rechoncho que mi padre, ya ha descargado las cajas. No deja que la calle se embotelle. Mi padre le paga. Lo arreglan rápido. Se dan la mano, y un abrazo. Se nota que hay una excelente relación y están bien coordinados. Luego, como si me intuyera, alza la vista  y me descubre observando sus trapicheos. Me hace un gesto con la mano, como diciendo: «Baja y ayúdame con esto». 

domingo, 8 de octubre de 2017

QUE LLUEVA

Como puedo hacerlo, levanto con mis propias manos el grueso alquitranado que reviste este suelo y descubro la epidermis, la verdadera piel de esta metrópoli que dejó de respirar hace tiempo. Ha estado enfundada y embutida bajo esta manta negra de civilización y progreso, empachada de sacudidas y tubos de escape. He logrado enrollarla como una alfombra persa y la he dejado apoyada en su verticalidad en la esquina más lúgubre y encapotada de esta gran urbe devastada, para que quien se sienta osado trepe decidido hasta el cielo y despierte a los nimbos, los cirros y las nubes mastodónticas. 

sábado, 7 de octubre de 2017

NO SABE QUÉ LE PASA

Hoy ha dado limosna al señor que todos los días se sienta con su silla plegable en la entrada del supermercado al que va habitualmente a comprar. Ha sido la primera vez que actúa así. Le han sobrado varias monedas y ha decidido dárselas. Siempre ha prejuzgado negativamente a ese señor barbudo, descamisado, que siempre saluda y huele mal. Ha pensado incontables veces que debe gastarse el dinero en alcohol, en droga, en entregar una parte a las mafias que lo controlan… No se lo esperaba, ha estado muy agradecido y le ha sonreído, sin importarle que nunca le haya dado nada. Cruzan la mirada la mayor parte de días y ha sentido que ya era hora. Piensa que ha obrado correctamente. Ha modificado su conducta intransigente y, la verdad, se ha venido un poco arriba. Ha tenido una sensación parecida a dar la mano en la iglesia (a la cual no va nunca; solo a bodas y entierros) cuando el cura lo anuncia: «…podéis daros fraternalmente la paz». Ese acto de concordia, de crear un lazo de unión momentáneo, carnal, con alguien que, a lo mejor, ni es tu amigo o ni siquiera tienes una mínima relación, es algo digno que debería mover algo interno. También puede pensarse que toda esta serie de códigos y paripés no valen para nada. La cuestión es: ese acercamiento o vínculo emocional propio de las personas, ¿debe establecerse en Política? ¿O es mejor no mezclar los sentimientos humanos con la Política metódica que hacen los humanos?